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Es del todo lícito que un escritor o aficionado a escribir use su experiencia para inventar ficciones y al hacerlo se inspire en personas de la vida real y no es lícito en cambio que esas personas -de las que el escritor ha saqueado pedazos o fragmentos con la sigilosa minuciosidad de un espía- reclamen nada, pues los personajes ficticios adquieren vida propia y no son ellas.
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luisnole@memoriasturbias.com

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35) SUEÑOS MUERTOS

Publicado por Luno On 03:30 2 comentarios

Andaba por mi ruta diaria del trabajo hacia mi hogar. Podría haber tomado un colectivo, un taxi o irme en mi vieja bicicleta. Pero lastimosamente ese día preferí caminar. Además que llovía y consideraba que ese líquido celestial sacudiría el mal humor que llevo cuando salgo de ese trabajo. Lo detesto. Caminaba pensando cuando tendré la valentía de renunciar, odiándome por haber renovado un contrato por seis meses más. Concluyendo que nada bueno saco laborando allí. A unas pocas cuadras mi casa, por la calle solitaria y empapada, tenuemente iluminado por los focos viejos del alumbrado público, pasa un taxi blanco. Como hago siempre cuando pasa un auto detrás de mí, retrocedo la velocidad y miro sigilosamente quienes van dentro o cómo van. Dos tipos bajan y uno me pregunta si yo me llamo como me llamo. Noto que tiene un arma en la mano. El otro me ahorca por la espalda. Pega el arma en mis acabados riñones y me perfora una bala.
Despierto solo en casa completamente empapado de sudor.

Por la calle a veces los asesinos a sueldos usan motocicletas y pocas veces son atrapados. En esta oportunidad alguien se acordó de mí y le pagó a algún colombiano o remedo de este para que me baleara en moto. No recuerdo con exactitud el rostro pero era de contextura delgada y barba crecida. Con casaca roja y jeans negro. Fueron dos balazos los que me cayeron: una en el tórax y la otra a la altura del hombro. La policía cubrió mi cadáver con periódicos viejos y la gente decía no conocerme.
Ese día apagué los celulares y por mi seguridad no fui a trabajar.

Mi madre es atropella en la esquina de mi casa. Los que merodeaban por allí dijeron no prestar atención o no se dieron cuenta del auto que arrolló y abandonó a mamá en el pavimento. Llegaba del canal luego de asistir a ocho horas de grabación. No quise ver su cuerpo tendido. Corrí y corrí sin rumbo y aguantándome las ganas de llorar. No lo sé, pero termino sentado sobre rocas, gritando y llorando frente al mar. Pidiéndole explicaciones a Dios por haberme arrebatado lo que más quiero en esta vida. Acompañado de una botella de ron pasé la noche en la playa, agotado de tanta lágrima derramar. Después de dos días, me presento sucio, con aspecto impresentable y oliendo a mucho alcohol. Me acerco al féretro y le pido perdón a mami por no ser el hombre que ella quiso.
Al levantarme de la cama, le dije a mamá que dejara de cocinar. La llevé a comer y paseamos toda la tarde. Aún ella se cuestiona lo raro que me comporté ese día.

Además de las ratas. Otro animal al que le tengo fobia es a los perros. Pero no a los pekineses ni de raza pequeña a los que puedes tranquilizar con una patada. Sino a los canes salvajes, de los grandes como un pitbull, un bulldog americano o doberman que devoran y hacen triza a su presa de una sola mordida. El que me atacó fue un pastor alemán. Su dueño tuvo la imprudencia de pasearlo en el parque sin cadena y sobretodo sin bozal. Y yo tuve la mala suerte de pasar por ese parque justo cuando ese perro del demonio jugaba con su amo a atrapar un palo. Pateé el juguete del perro sin querer y este se me vino encima. Me destrozó la pierna y felizmente no me mordió la cara.
Desde ahora ya no camino por ese maldito parque.

En plena presentación de mi primer libro, en ex amigo, ex amigo en Facebook, ex compañero de universidad me hace una pregunta. Le respondo con toda cordialidad y hago una broma sobre su peinado. Terminada la conferencia, el ex conocido me da la mano. Me dice que ha chequeado escuetamente las páginas donde narro mi vida universitaria y me reclama por no haberlo incluido en la novela. Le contesto que en mis textos mis personajes son de buenos gustos y se cortan, mínimo, en Marco Antonio. Se molesta, tira el libro al suelo y me contesta que parte de sus gustos literarios, él, mínimo lee de Vargas Llosa en adelante.
Ese mismo día le pregunto vía Messenger en dónde se atiende el cabello.

Mi padre me está dando una paliza, esta furioso, molesto, avergonzado de que su menor hijo haya sido vapuleado, ridiculizado, burlado en el colegio. No ha sabido defender su honor como él le enseño. A puñetazo limpio, a amagues que dejan al atacante sin salida, a patadas en puntos clave. Papá aún no asimila que yo no nací para los golpes y peleas. Yo quiero ser escritor así que mi trinchera será un teclado y mis puñetes mis escritos. ¿Periodista?, esa profesión es para mariquitas, me decía él. Ya no puedo más, le digo mi verdad, es la última vez que mi padre me dirige la palabra.
Al despertar llamo inmediatamente a papá y lo reto a una práctica de karate como los viejos tiempos, por suerte no acepta aludiendo que ya está viejo para pelear con un chiquillo.

Visitamos el centro histórico de la ciudad. Comimos muchos helados en el 4D. Vimos Luna Nueva y evité entusiasmarme por los pechos de Taylor Lautner. La pasamos mejor que cuando estamos encerrados en mi cuarto. Era un día muy feliz para ser real. Caminamos varias horas. Jugando como niños en la acera. Discutiendo por cosas tontas pero sin pelear. Cargué a mi novia sobre la espalda hasta su casa. En la puerta un tipo se atrevió a tocarle indebidamente. Me enfurecí. Le lancé un puñete como me los enseñaba papá de pequeño pero nunca lo puse en práctica. El sujeto responde con arma en mano. Sólo atiné a cubrir a mi chica y sentí que la bala me destrozaba el corazón.
Me levante llorando. Mi madre me calmó como cuando hijo menor.

Después de diez largas horas de sueño veo mi celular y miro las llamadas perdidas, los mensajes de texto sin respuestas. Que gente tan absurda, digo, no comprenden que mi vida empieza a las tres de la tarde, antes de eso estoy en coma profundo. Noto que hay un mensaje de voz en mi casilla. Al oír el número del destinatario concluyo de qué se trata: Marica maldito. Muérete mierda.
Hago caso omiso de la llamada. Esta vez no estaba soñando.

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34) CARTA A HUGO GARAVITO

Publicado por Luno On 12:10 3 comentarios

Estimado profe.

Regreso de la misa donde sus familiares conmemoraron el primer año de su sensible fallecimiento. Personalmente no voy a misas, soy agnóstico, pero esta ceremonia religiosa no me la podía perder por tratarse de usted.

Ha pasado un año y siento que el tiempo no ha transcurrido. Todavía tengo latente en mi memoria las horas insomnes de conversaciones de todo tipo, de todo calibre y sin pudores de por medio. Sintiendo que yo era la única persona cercana con la que usted podía entretenerse con mis preguntas inútiles y mis conclusiones tontas. Momentos inolvidables. También cumplí mis sueños de conocer a Jaime Bayly, lo veo dos veces al mes en el canal y ya me desencanté de él.





Hace unos meses visité la oficina de su hermano mayor, contándole que estaba interesado en publicar el libro que usted dejó a medias. Obviamente con la ayuda del fondo editorial de la que en ese entonces era mi universidad. Sería un libro revelador ya que usted fue como Nostradamus, que tres años antes de ocurrida la crisis financiera mundial, usted ya estaba escribiendo sobre ella. Lo que me impacto fue la infinita curiosidad de su mayor hermano en saber cuánto de ganancias traería el libro y cómo sería la repartición. Al escuchar estas palabras, me levanté de la silla diciéndole que lo llamaría al terminar mis cálculos. Que espere sentado.

También me sorprendió la rapidez con la que sus ocho hermanos se repartieron sus bienes. Hicieron un inventario exhaustivo de lo que había en su departamento de San Miguel, la repartición fue en partes iguales y cada uno cogió lo que su criterio le dictaba. La suerte de su único auto fue igual, lo remataron. Su valiosísima biblioteca, felizmente está intacta. No saben que hacer con ella, porque no pueden calcular el valor de cada libro, de lo contrario sus libros ya estarían en Amazonas o en el Jr. Quilca,

A mí no me queda más que ser un observador y testigo perplejo. Mi único interés fue publicar su libro de investigación económica y de ese modo reconozca lo brillante que fue. No le he pedido ni una sola hoja de su escritorio, ni una flor de su bien cuidado jardín, además no tienen porque entregarme nada, tampoco soy ave de carroña.

A lo único que me he aferrado es a sus enseñanzas. Sus ánimos de no dejar de escribir. Por cierto, a pocos meses de su fallecimiento un o unos imbéciles me exigían que dejara de escribir por respeto a memoria. Contrario a lo que usted me inculcaba, el de no dejar de hacer lo que más me gusta. Aunque los demás me tachen de mediocre.

Entonces como escritor mediocre y sin haber publicado nada, estoy satisfecho porque me esta saliendo por primera vez una novela. Me divierto escribiéndola en las madrugadas insomnes. Es por eso que no publico nada hace un mes en el blog.

Me esta saliendo una novela cabrona, sórdida, insolente, salpicada de procacidades, rencorosa. Triste de los cojones. Sé que no es una obra de arte. Sé que es apenas una suma de palabras brutales que estaba condenado a escribir, escupiéndolas o vomitándolas para no terminar pegándome un tiro. Muy vengativa.

Se tratará de sus últimos años, la vida privada que nadie conoce y del que fui partícipe. Sobre la persona a la usted sentía más afecto sobre la tierra y mi breve experiencia al conocerlo. Sobre los dos años de la universidad de mierda donde estudié y por mi salud mental jamás pisaré. Aún recuerdo lo que decía cuando alguien me refutaba el uso de la intimidad en un la literatura: Que se jodan, uno como escritor tiene el derecho de usar el aspecto que quiera. El asunto está en asumir las consecuencias.

Consecuencias que asumiré pero que jamás discutiré.

Ojala que llegue a publicarla (de paso mando saludos a mis amigos de Planeta y se pueden ir al mismo fango si piensan que aceptaré la propina que me piensan dar por el libro, está bien que uno aún no sea conocido pero tampoco abusen), en ese libro hago conmigo mismo lo que vengo haciendo con los demás: me ridiculizo, me destruyo, mi alter ego queda dinamitado, expuesto con esa devoción a la autodestrucción.

Hasta siempre, querido profe.


Memorias Turbias ®

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33) JUANCITO BRAVO Y TIRADO

Publicado por Luno On 17:38 1 comentarios

Cuando entras en confianza se declara abiertamente un cacanero, viudo a los treinta y tres años y con seis hijos encima más una entenada. Conforme pasan las horas e ingiere más cerveza es capaz de abrirte la puerta de su casa y ponerse a bailar sólo.

Así es Juancito, alegre, bondadoso y sobretodo muy avispado. Es el típico zorro viejo que se las sabe todas y no lo puedes engañar. Hijo de chileno y por ello se siente muy orgulloso y más aún de su segundo apellido: Y Tirado.

Conocerlo me costó una bofetada, la cual no contesté por respeto a sus canas y avanzada edad. También porque a zorro viejo jamás se le falta el respeto y sólo se escucha y se aprende...





Todo empezó en los edificios de la Ciudad Satélite San Rosa, por el nombrecito esto no queda en la Luna, sino en el centro del Callao, donde las papas queman y la ley está sólo para comparecerse de ella. Lugar donde uno puede tomarse las cervezas que quiera porque está rodeado de unas buenas bancas de concreto para echarse a dormir.

Cuando comencé a entablar conversación con Juancito lo vapuleé, bromeé y hasta me burle de él. Por mi escaso conocimiento de la calle no sospechaba que Juancito me estaba ‘marcando’ y midiendo hasta cuán estúpido puedo llegar a ser. Camino a comprar más cervezas lo comencé a cargar de preguntas semi avinagradas a las que él contestaba con mucho humor.

Por mi vehemencia y estupidez, continué pecando de bocón y todo por mi maldito afán de hacer reír a los que me rodeando. Al decirle mi nombre se sorprendió y me llamó delincuente a lo que sólo me tocó reírme y no lo culpo porque unos desgracidos se han encargado de manchar mi apellido. El momento detonó cuando le confesé en son de broma que escribiría sobre él, de lo poco que lo conocía, de lo que sería esa noche y en el estado en que acabaría. Se enfadó de inmediato, la sonrisa de su rostro se borró del todo y me reclamó con que derecho escribiría acerca de él si apenas había intercambiado unas palabras. Además quién era yo para atreverse relatar de su vida, la vida de Juancito Bravo y Tirado.

Le contesté que era estudiante de periodismo y lo podía retratar a alguna crónica, columna o historia en mi Web. Esto último no le gusto mucho y me dijo que detestaba a los periodistas porque eran unos chismosos e hijos de puta de la patada.Volví a insistirle que sería una historia sin mala leche y con todo cariño. Me cogió de la solapa de mi saco y de nuevo me pregunto quién chucha era yo para hacer eso, sin darme tiempo a contestar me tiró una bofetada a lo que quedé estupefacto, sin palabras y anonadado porque era la primera vez que un viejo como ese me regañara.

Ya sentado en su sala y con el cachete ardiéndome, hice lo que debí hacer desde un principio, desde que me lo presentaron: quedarme callado. Escuchaba sus historias cuando su mujer falleció, cuando se volvió a enamorar de Carmencita, una enfermera del lugar donde él se entendía. Yo sólo tenía ganas de largarme de ese lugar y estar a salvo en casa, me arrepentía por dentro de haber ido a los extramuros de la ciudad sólo para ver a un buen amigo.

Conforme pasaba la madrugada, la confianza crecía y para mi felicidad Juancito, producto de ingerir mucha cerveza, pensaba que al chico que había golpeado se quedó abajo. Lo que me relajó un poco y dio ganas de abrir la boca.

Le conté que a mi poca edad padecía de unos males renales, que la relación con mi padre no es del todo buena y que tengo deseos sobreexpuestos de ser escritor y muy famoso por ello. Acorde le relataba todo ello me refutaba de todo, del con qué derecho odiaba a mi padre, que por descuidado tengo los problemas con los riñones y que los escritores de mi estilo sólo venden morbo y no educan nada. Se valen de contar su vida y la de otros porque no tienen talento ni imaginación para crear historias.

Al terminar de decirme todo eso, me hizo la pregunta de la noche a lo que conteste con toda sinceridad y sin importarme que tuviera un amigo al lado: ¿Tú siempre eres así? Le repregunté el por qué me decía eso y me respondía porque él era muy observador y me sacó al toque.

No me quedó de otra que aceptarme a mí mismo y hacer algunos chistes sobre eso. El amigo, que en el fondo no sé si seguirá siendo amigo después de aquella noche, también me confesó que se había dado cuenta desde un principio y no había ningún problema en ello.

A lo largo de la noche sentí que Juancito hubiera sido el abuelo renegón y raramente bonachón que no tuve. Que él era una enciclopedia de la vida andante y como conté desde un principio a zorro viejo se le respeta. Que no se le anda bromeando ni tomándole el pelo porque con la autoridad que la vida le ha dado tiene todo el derecho de regañarte y si es con bofetada mejor aún.

Conocerlo también me sirvió de lección para controlar esa vehemencia que no es más que ser un bocón y hablar de más, que es en muchos de los casos, mejor quedarse callado y ser imparcial. Debo controlar mi lengua que me mete siempre en problemas y esas ganas mías de querer contarlo todo.

Lo bueno de todo esto es que Juan Carlos sigue siendo mi amigo y a veces me sirve de terapeuta.


Salud, dinero y amor…


Memorias Turbias ®

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32) EL EMO DEL EMOLIENTE

Publicado por Luno On 00:12 0 comentarios

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Se encontraba viendo el nuevo programa del canal par, conducido por dos payasos y una siliconeada; el nuevo bodrio de la televisión peruana presentaba un reportaje sobre unos adolescentes trasnochados con disfraces de punkerito estadounidense que se hacían llamar “emos”. No tenía nada que hacer, prefería ver ese programa en lugar de la gordita caviarona del otro canal par.

Los emos le parecieron extraños como a todos los reprimidos y acomplejados foráneos, dementes, sin ningún ideal para actuar así...





A punto de quedarse dormido -el programa le parecía soporífero, suena su celular; era Sandro, su amigo de la universidad: oe Roger ¿qué haciendo? –pregunta Sandro- nada, viendo la tele ¿por qué? –contesta Roger- ven a mi jato pues, estoy con unos patas conversando y tomándonos unas chelitas –propone el amigo- no pasa nada, mañana tengo clases y debo descansar –se niega Roger- ven pues, no seas atorrante, es que hay un patita, amigo de Fabricio que me está llegando al pincho y está hablando huevadas sobre la vida y no sé qué más mierdas y yo sé que tú eres medio filósofo pues y le puedes hacer la bronca en esas huevadas –le pide Sandro produciendo la risa de Roger- y ¿qué huevadas habla? –pregunta Roger- puta no sé que la vida no tiene sentido y que es mierda, pero ¿vienes o no? –se impacienta Sandro- ya, voy en un toque –afirma Roger- chévere… pero traes algo de plata porque ya se están acabando las chelas –pide el amigo.

Suena el timbre, oe Rodrigo deja de hablar huevadas y ábrete la puerta pues. Lo primero que ve Roger es un tipo de contextura lánguida, vestido de colores oscuros (negro y fucsia) con un jeans apretado a la cadera, polo ceñido, con rimel en los ojos, cabello lacio al extremo (al estilo japonés), como los tipos raros del programa aburrido. Coloca su brazo en la puerta impidiendo la entrada y dice dirigiéndose el dueño de casa: ¿este es Roger? Si déjalo entrar –ordena Sandro- ok, pasa –invita Rodrigo en tono marica.

Desde que se sentó no le quitaba la mirada, le parecía muy rara la coincidencia de conocer un emo el mismo día en que los vio en la tele. Los demás se interrogaban con preguntas como: ¿siempre te vistes así? ¿por qué te quieres matar? ¿qué música te gusta escuchar? ¿eres gay? ¿te han violado de chiquito? Rodrigo les contestaba todas sus interrogantes sin ofenderse, no era gay o bisexual porque aún no tenía ninguna experiencia sexual ni con hombre ni con mujer (a pesar de sus diecinueve años) y si fuera así no tendría problemas de decirlo, tampoco lo violaron, no cree en el amor porque lo considera un sentimiento traicionero: cuando de verdad amas a alguien o consigues obtener el amor, éste se escapa y te deja peor de lo que te encontró –argumentó el chico raro.

Roger escuchaba con atención todo lo que decía el emo, no pronuncia palabra alguna desde que entró a la casa, solo bebía su cerveza taciturnamente. Y a ti, te comieron la lengua –preguntó Sandro- nada… escucho lo que dice el pata y me parece interesante ser diferente a los demás, vivir tu propio estilo, pero no estoy de acuerdo con eso de amor, ¿por qué? –intervino el emo- porque el amor es fundamental para todo, amas tu trabajo, tu carrera, a tu vieja, sin amor estás jodido, vas a ser un resentido, como la canción de Fito Páez en “No se lo digas a nadie”: nadie debe, ni nadie puede vivir vivir sin amor… - todos ríen excepto Rodrigo.

La reunión acaba sin discusión ni peleas, todos se retiran medios ebrios o picados, lamentablemente Roger y Sandro no pueden continuar tomando porque tienen clases el día siguiente. Por mera casualidad Roger vive cerca del paradero del emo. Decide acompañarlo a tomar un taxi. Intercambian celulares, correos electrónicos, algunas miradas coquetas, acuerdan salir algún día y conocer más. Rodrigo le regala una pulsera negra de plástico como recuerdo.

Han pasado dos semanas y Roger no sabe nada del su amigo el emo, le escribe mails proponiéndole lugares de encuentros pero no recibe respuesta alguna. Le pregunta a Sandro si sabe algo del emo de la otra noche, ¿no me digas que te gustó? No nada que ver, si te pregunto es por curiosidad nada más –responde tímidamente Roger- si huevón… pero ten cuidado porque esos son unos locos del carajo- le aconseja Sandro.

Al final de sus clases, obligadamente tenía que caminar algunas cuadras para tomar el colectivo que lo llevaría a su casa debido a los trabajos de reconstrucción de la Av. Arequipa; su facultad está cerca de a la Plaza España, lugar invadido de noche por los emos, cuando caminaba por allí pensó quizás encontrarse con Rodrigo, caminaba sin rumbo por la plaza, veía un montón de Rodrigos, vestidos igual que él, con similares peinados, similares vestimentas, pero ninguno era su emo preferido.

Después de dar varias vueltas sin éxito se canso de buscarlo y caminó hacia la Av. 28 de Julio, entristeció por no encontrar a su emo, se volvió a enamorar, prometió no volverlo hacerlo después de desilusionarse de una mujer que le pagó mal.

Es que así es Roger enamoradizo, basta que le hagan un mimo o una caricia para fijarse en esa persona, una mirada cariñosa, un beso apasionado para pensar que esa persona es la mujer o el hombre de su vida. Con el emo fue diferente, a pesar de ser algo exigente en sus gustos (sobre todo en el físico), lo que le encantó del emo fue su manera liberal y descabellada de pensar, no importarle lo que digan los demás sino vivir libremente, ser así en Lima es ser un mártir, una ciudad prejuiciosa, hipócrita, maldita, destinada a ser la escoria de Sudamérica (por eso tiene el alcalde que se merece).

Casi al llegar al cruce de la Av. Arequipa y 28 de Julio, observo un grupito de emos en uno de esos kioscos de mala muerte que vende una bebida de dudosa salubridad llamada emoliente, estos están por todos –pensó. Al peder las esperanzas de encontrar a Rodrigo, caminó de frente sin fijarse si su nueva ilusión se encontraba allí. Oe Roger –le gritaron a lo lejos y sin reconocer la voz siguió caminando, después escuchó que alguien corría detrás de él, se asustó, oe sobrado, por que no me haces caso, te estoy llamando desde la esquina.

Era su entrañable emo, en esta ocasión se había cambiado de peinado pero continuaba con el laceado extremo, se contuvo las ganas de abrazarlo, no sabía que responderle, ¿te haz asustado al verme? No para nada, sólo que no esperaba encontrarte por acá, ¿qué ha sido de tu vida? –pregunto Roger- nada… me fui de viaje con unos amigos y regresé hoy. Mientras conversaban desde el puesto de emoliente llamaron a Rodrigo; puta… me están llamando mis amigos, no quieres venir con nosotros –propuso el emo- mejor no, quizás los incomode. No pasa nada, de aquí nos quitamos a la Plaza España a tomarnos unos tragos, ven no más no seas tímido.

Roger aceptó, les presentó a sus demás amigos, no le cayeron tan mal pero se sentía algo incómodo caminar con esas chicas y chicos raros, creía que era el lunar del grupo. Por un momento también pensó en convertirse en un emo pero después recapacitó y dijo: no, ni cagando me visto así, parecería payaso. Una vez en la plaza se juntaron con más emos, todos lo miraban mal como preguntándose: y este de dónde salió.

Tomaron ron, cerveza, vino y por falta de dinero Punto G. Conversaban de los mismo de la otra noche en la casa de Sandro, del amor, sexo, de la vida, de eso que ellos llaman sistema, Roger no escuchaba esas sandeces y solo contemplaba a Rodrigo con la mirada, le excitaba verlo intervenir, ofuscarse con cada opinión, contemplar a su hombre defender sus ideales.

Ya estaba por amanecer, muchos se habían ido; el serenazgo y la policía los esparcía para que abandonen la plaza invadida. Vamos a otro lado –propuso el emo- ¿a dónde? –preguntó Roger- tú sígueme no más, Ok, pero pásales la voz a tus amigos. Tú sígueme no más, déjalos a ellos. Caminaron dirigiéndose a 28 de Julio, doblaron a dirección a la Av. Brasil, andaban por la pista sin importarles que pasara algún carro, llegaron al Campo de Marte, demoraron un par de minutos en escoger el lugar donde se sentarían. Rodrigo se tiró al pasto, Roger le siguió, el emo se puso a su costado y le preguntó: ¿te gusto?, Roger se sorprendió y no sabía que contestar ¿por qué me preguntas eso? –dijo- No te hagas, yo sé que te gusto, lo noto en tu mirada, cuando me hablas, cuando estás a mi lado –argumentó el emo-. Después de varios minutos de silencio: Si me gustas y un huevo y hasta creo que estoy enamorado de ti. El emo se rió de manera exagerada, de qué mierdas te ríes –gritó Roger- es que no puedo creer que alguien se haya enamorado de mí, yo no puedo amar ni querer a nadie –explicó Rodrigo- esas son huevadas tuyas, por tu maldita forma de pensar crees que el amor ni el afecto no existe –gritó Roger con lágrimas en los ojos- no pienso discutir contigo, solo te digo que te vayas y te olvides de mí.

Roger se puso de pie, escupió al piso, miró al emo dormirse, se le tiró encima, lo besó apasionadamente (o se esmeró para que fuese así), le cogió el sexo y comenzó a sobársela, el emo hizo lo mismo, ambos se vivieron a la vez, siguieron besándose, mordiéndose los labios, jugando con sus lenguas, sus manos. Dime que no sientes nada por mí y me largo –exigió Roger- Rodrigo no contestó y comenzó a besarle el cuello con el fin de dejarle una marca, al terminar le contestó: No.

Nuevamente Roger se volvió a enamorar de la persona equivocada, otra vez sus sentimientos quedaron destrozados con la negativa del emo, de repente sea por su inexperiencia, por su reprimida bisexualidad, por no conocer a la persona completamente antes de sentir algo por ella o por puro imbécil.

Ahora cuando ve a los emos los escupe sin pudor.


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31) SI TUVIERA UN JIMMY

Publicado por Luno On 13:37 2 comentarios

Últimamente ando muy paranoico, creo que me voy a morir o que van a matar. No lo sé y me da igual. Hasta creo que me harían un favor en acortar mi vida.

Y parte de esa paranoia es tener un hijo, dejar legado o herencia. No recibirá muchos bienes pero si una buena cantidad de deudas con identidades financieras. Mi anhelo es que nazca hombre, varón. Digo nazca no más porque de repente a lo largo de su vida decide cambiarse de sexo. Uno nunca sabe.





Lo llamaría Jimmy, o Jimmicito, lo llamaría así de cariño pero no le pondría ese nombre porque Jimmy combinado con mi apellido suena como a estilista o diseñador de modas. Tampoco quiero definir su futuro laboral. En mi trabajo a los niños que acompañan a sus mamás a comprar, los trato de Jimmy: Toma Jimmy tus galletas o que decoración te gusta más Jimmy. Algunas madres se molestan y me corrigen diciéndome que ese nombre es muy feo. Las comprendo.

Muy improbable Jimmy, y digo improbable porque creo que soy estéril y ya lo voy comprobando con un par de chicas de mi limitado prontuario amoroso sexual, más de una vez he depositado en ellas el líquido que yo creí que me servía para ser padre y con ningún resultado positivo. No basta con tener un desliz con un par de chicas para saber que uno es estéril pero con esto me queda claro que el del problema soy yo.

Con Jimmy sería muy tolerante, si no se quiere bañar, no lo obligaría. A veces cae bien andar un poco sucio. Tampoco lo empujaría a comer lo que no le apetece, porque considero que ingerir algo que el cuerpo aborrece, por muy alimenticio que sea, es un acto condenable.

A Jimmy le enseñaría a jugar fútbol, no juego muy bien pero si él prefiere contrato a un entrenador personal o al Puma Carranza como profesor.

También le inculcaría a leer desde pequeño, obviamente no le enseñaría mis escritos por cuestiones de vergüenza y pudor. Pero si le prestaría mis libros de García Márquez o Azorín. Si por cuestiones de curiosidad encuentra mis libros de Bayly u otro autor similar, no le impediría que los lea, sólo le aconsejaría que tome todo con calma.

Jimmy tendrá que ser muy vivo o avispado, para que tenga algo contrarío a mí. Le enseñaría cosas de la vida y de la calle. No necesariamente a hacer lo malo pero si ser cauteloso y precavido. Para esto desde muy pequeño lo instruiría en el arte del póquer o las cartas, lo llevaría al casino grandísimo que está en Benavides para que aprenda a jugar. No pretendo que sea un hampón pero tampoco un ganso como su padre.

Si no quiere estudiar en una universidad o carrera superior, no lo obligo. Mejor para mí, me ahorraría gastos de pre grado y post grado. Desconfío de las universidades y tiendo a creer que la mayor parte de las cosas que en ellas se enseñan son más o menos inútiles. Yo estudié cinco ciclos en una universidad de clase media y no aprendí ni un carajo, sólo a beber en cantinuchas y a juntarme con gente loca. Así que esa universidad está vetada para Jimmy, todas menos esa. Prefiero que se vaya al extranjero becado.

En cuanto a chicas, allí no tendrá buenas referencias en mí. Hasta se sentirá avergonzado de las burradas que cometí dominado por las mujeres. Como me idiotizaba con la primera que me hacía un guiño. Sólo le aconsejaría que no sea tan enamoradizo, que algunas mujeres las tome con pinza y sobretodo si te dicen que dejarán al enamorado y por mientras salen con uno a escondidas. Que no se apresure por encontrar a la mujer de su vida y si nace con mis gustos, entonces tendrá problemas en el amor.

Si en un futuro, descubre y se da a conocer que le gustan los chicos. No lo juzgaría, a cualquiera le pasa. Uno nunca está seguro de su verdadera sexualidad. Considero que sólo los idiotas se atreven a decir: Yo soy bien hombre o soy bien mujer. Si le gusta los chicos, que no se reprima pero tampoco lo grite a los cuatro vientos como si fuese una loca, que me lo cuente a mí y yo lo guío. Si también descubre que es bisexual, que además de los chicos, le gusta de igual o mayor manera las chicas. Magnífico. Que sea bisexual entonces, que disfrute del amor y el sexo en toda su expresión y pluralidad. No te inhibes a explorar tu cuerpo Jimmy.

Con las drogas, allí ya no sería tan tolerante. Yo estoy de acuerdo con que en esta vida hay que probar de todo para descubrir lo que realmente nos gusta y queremos. Pero a mi futuro e improbable hijo le diría: Esta bien Jimmy si te gusta la marihuana, no hay problema, si tú consideras que esa es la forma de aminorar tus penas o ser más hiperactivo, de lo que estoy seguro ya eres, no hay problema. Sólo te sugeriría que sólo la pruebas una vez por semana o si tú quieres dos. Pero no seas adicto, todo en exceso hace daño, hasta el sexo, hijo.

En cuanto los amigos, que nunca los traiga a la casa si no está seguro en que verdaderamente son sus amigos. En este mundo hay cada loco suelto que uno nunca sabe lo que esconde o son sus bajos instintos. Si Jimmy considera necesario para su seguridad le contrato un guardaespaldas y de paso para que sea su chofer. Si se emborracha alguien tendrá que manejar por él.

Que Jimmy sea lo que él quiera. No trato de convertirlo en una mala copia de mí. Yo mismo soy la copia de alguien, así que lo que Jimmy crea prudente ser, yo lo apoyo y me alegro por él. Sólo le pediría que no trate de igual forma como su padre trató a su abuelo. Y que sea feliz de la forma que él más crea conveniente.

Ojala que algún día existas Jimmy. Te estoy esperando.


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30) EL AMIGO QUE PERDI

Publicado por Luno On 01:10 0 comentarios

Hace unos días me llamaron de la competencia para una entrevista de trabajo. No recuerdo exactamente cuando envíe mi hoja de vida pero creo que fue a pocos días de ser parte de la planilla de mi actual empleo. Quise saber donde pagan más, si en la cadena norteamericana de ferreterías o en la chilena. Además de que yo compro en la competencia. No creo eso de la ética moral y la lealtad a la empresa. Yo creo en el libre mercado y como tal uno puede hacer sus compras donde le dé la gana.

Me citaron a una hora no muy cristiana. Incluso antes de abrir la tienda. Fui con el único terno presentable que tengo, no me bañé porque me levanté tarde y si lo hacía no llegaría a la hora indicada. No esperé mucho tiempo para ser atendido. Y al ver a la persona que me entrevistaría, digamos que si podía entrevistarme también porque comúnmente en esas citas el que termina preguntando cosas soy yo con lo cual no les dejo que me interroguen casi nada. Sólo en una ocasión en una editorial, donde el Jefe de personal a mi primera pregunta me contestó: El que hace las preguntas aquí soy yo señor. Con esto me quedó claro que ese tipo sería un invitado difícil.





Lo reconocí de inmediato, él no me vio entrar porque tenía la cabeza gacha leyendo mi curriculum, el tiempo le había quitado algo de pelo y había abierto una brecha enorme en su frente. Su contextura aumentó, al parecer seguía haciendo pesas. Muy bien afeitado como siempre y con su impecable camisa blanca. Lo que es el tiempo, él sentado en su escritorio como Jefe de recursos humanos de una transnacional y yo un peruanito más buscando empleo y con ganas de ser escritor.

Actuó como si no me conociera, yo seguí sus pasos. A pesar de la infinita confianza que le tuve y él me la quitó después del incidente que nos marcó para toda la vida, lo traté de usted. Me impresionó que me preguntara mi nombre cuando por su mirada se dio cuenta de quién tenía al frente. Mirada que sigue siendo la misma después que leyó el cuento que me hizo ganador del concurso de literatura en la primaria en nuestro ex colegio Claretiano.

El concurso consistía en un cuento sobre tema libre, lamentablemente sólo reproduje un ejemplar, ejemplar que fue hecho trizas cuando llegó a las manos de Sergio. Nunca me perdonará la perrada que le hice, traté de suavizarlo justificándome que como lo habíamos conversado días antes del concurso, que la literatura da ciertas licencias y palabrerías que no venían al caso porque Sergio estaba muy enfurecido, tenías ganas de darme una paliza pero con ayuda de los demás compañeros eso no fue así. Felizmente la premiación fue el mismo día de la clausura del sexto año. No lo volví a ver más hasta el día de la entrevista.

Precisamente fue ese concurso el que nos unió más. Antes de ello en clases no hablábamos mucho. Sólo nos preguntábamos cuanto habíamos sacado en los exámenes de literatura o lenguaje más de eso no. Quince días antes de la presentación de historias, me preguntó sobre qué escribiría y yo aún tenía idea de qué sería el cuento. Escribir en ese tiempo no era para mí un entretenimiento enfermizo tampoco leía los libros de hoy en día. Al único que seguía era a García Márquez que me enamoré literariamente de él después de leer Cien años de Soledad.

A Sergio no le gustaba García Márquez, pensaba que los escritores que usaban su biografía para reproducir historias eran unos peleles, faltos de imaginación para crear hechos, mentecatos como les decía. También él deseaba ser escritor y su mayor referente era Neruda, le encantaba la poesía pues pensaba que era un lenguaje lleno de amor y romanticismo. No tenía muchos amigos en la clase, algunos lo molestaban de marica porque se pasaba el recreo leyendo poesía. Lo observaba de lejos, yo quiero ser como Sergio, pensaba. No me atrevía a leer en el recreo porque temía que me molestaran de lorna, sólo leía en el auto de mi papi camino al Claretiano y luego escandía el libro en mi mochila. Los recreos lo utilizaba para comer muchos sandwichitos con bastante pollo y mayonesa. No me atrevía a jugar fútbol porque era malísimo y en más de una oportunidad casi me terminan apanando por dejarme meter tanto goles como arquero.

Ciertamente me molestaba que Sergio se me acercase, sin ser mi amigo, y me preguntase sobre qué escribiría. Como éramos competencia en letras, ni cagando le hubiese dicho de qué se trataría mi cuento, de repente el cabrón me boicoteaba la historia y me ganaba. No le contestaba y evadía su pregunta como si no la hubiese escuchado y le respondía con un saludo y luego conversábamos sobre cualquier cosa. Ese viernes me invitó a su casa a tomar el lonche. Me parecía raro que usara ese término: el lonche. Con la autorización de mi mami fui a su casa muy temprano. En el camino dudaba del por qué me habría invitado, como tanto lo molestaban de marica de repente se la creyó y quiere hacer cositas feas conmigo. Ya estando en su cuarto me enseñó su minibiblioteca, su computadora conectada a Internet que en esos tiempos era un lujo, además de su armario lleno de ropa traída de los viajes de su padre. También me molestaban sus aires de superioridad cuando me enseñaba sus cosas, yo no podía enseñarle nada porque no estaba en mi casa, sólo le lleve un cuentillo que escribí en cuarto grado. Después de leerlo me dijo que estaba mal que usara a personas del salón como personajes del cuento. Eso te pasa por leer mucho a García Márquez, me dijo.

Cuando bajabamos a su comedor, pude escuchar algunos gritos provenientes del cuarto de sus padres, me excusé pidiéndole su baño para acercarme a esa habitación y pude oír gran parte de esa conversación. Se trataba de que su mamá estaba harta que los hijos de su ex mujer lo llamasen a la casa y piden hablar con el papá de Sergio. No toleraba tal humillación porque ahora esta viviendo con ella y merecía algo de respeto. Diles a tus hijos que si quieren hablar contigo que te llamen al celular, le reclamaba la señora. No pude continuar escuchando el resto porque fui ampayado por la hermana de Sergio, Clarissa. Era bien guapa, mayor que Sergio y yo. Con unos quince años aproximadamente, un cuerpo ya muy desarrollado y muy despeinada además. Tez más clara que Sergio y cabellos castaños, no creo que tan niña se haya lo haya pintado. Me puse nervioso y mirando al suelo le contesté que me quedé pensando cualquier tontería. Ella no me creyó y lo noté por su mirada.

Desde esa visita supe que la familia de Sergio no era del todo armoniosa, sin embargo me gustó mucho su hermana, me tocaba pensando en ella por las noches y luego muy culpable por ello le decía a Diosito que me perdonara, que no lo volvería hacer. Una vez más le mentía a Dios. Inesperadamente después del lonche Sergio se me acercaba más y lo hacía con cierto interés, para saber sobre qué escribiría. Me invitó a otro lonche, ese día me contó que su cuento sería uno de ficción, sobre un súper héroe que salva a Lima de la destrucción del fujimorismo, es que a Sergio también le gustaba la política y pensaba que el presidente de esa época era el enemigo de todos los peruanos. Por bromas también me llamaba Fujimori por lo chino que soy. Otra vez ese día volvieron a discutir sus padres, no lo hacían en su cuarto, esta vez el centro de la pelea era la sala. Los gritos se escuchaban por toda la casa, era inevitable no escuchar de qué discutían. Su madre culpable al papá de Sergio de que su hija fumara, porque anda fumando todo el día y por eso encontró cigarrillos en la mochila de Clarissa. Su padre le contestaba que lo tenía harto, que se arrepentía de haber dejado a su ex mujer por venirse a vivir por ella.

Sergio se puso a llorar y se escondió inmediatamente en su closet, me sorprendió que hiciera eso, nunca lo había visto llorar ni cuando lo molestaban de marica en el Claretiano. Lo consolé diciéndole que mejor nos vayamos de su casa al parque de al frente. En ese momento me abrazó y lloró más fuerte, me pidió perdón por lo que había pasado, yo le dije que no se preocupe, traté de suavizarlo diciéndole que en mi casa también hay problemas. Me contó llorando que su padre dejó a su ex mujer cuando su mamá le contó que estaba esperando a su hermana. Ella era la amante. Que su hermana era una adicta al tabaco con sólo quince años, que él odiaba a su madre por hacerle la imposible y más de una vez ha intentado escaparse de su casa, no aguanta más a la loca esa, la menopáusica histérica. Luego de calmarse y componerse, Sergio me pidió que no contase nada a nadie. Te lo prometo, le dije.

Lo raro es que al lunes siguiente, él dejase de acercarse, ni me saludaba ni me preguntaba si ya tenía la historia hecha porque el viernes era el último día de entrega. En verdad no sabía sobre qué escribir, ni tenía ganas de presentar algo. Sólo extrañaba la presencia de Sergio o que me incomode con sus interrogantes. Ni me miraba, me ignoraba, yo pensaba que de repente estaba avergonzado por lo que pasó en su casa y que por eso no se me acercaba y me quitaba su amistad. Un día antes de la fecha de entrega me acerqué a su carpeta y le dije: Ya sé sobre qué escribiré, le mentía no tenía ni la más vaga idea qué escribiría, sólo quería acercarme a Sergio y ver su cara de emoción al contarle la historia. Él fríamente me respondió: que bueno, yo ya presenté el mío en el recreo, que te vaya bien. Se dio media vuelta y se marchó a su movilidad escolar.

Estaba muy triste por perder a mi amiguito Sergio, esa noche me senté en mi computadora y empecé a escribir, escribía sin parar y sólo me detenía para ir al baño o comer algo en la cocina. Me amanecí escribiendo. Corregía y corregía una vez más, porque quería que Sergio quedase como el héroe, como el que libertaba a su hogar de la amenaza de su madre, donde su hermana dejaba los cigarros y lamentablemente se dedicaba a la marihuana, si así Macarena era feliz que siga fumando entonces. Donde también su padre regresaba con su ex mujer y ésta acogía a Sergio y a su hermana drogadicta. Sergio sería mi héroe, mi héroe en mi cuentito, mi buen amigo y sufrido Sergio. Lástima que no te haya gustado mi historia, lo hice con mucho cariño.

El día de la premiación Sergio estaba en primera fila esperando que dijeran su nombre. Yo sólo esperaba que él me dejase felicitarlo. Cuando dijeron mi nombre lo único que atiné fue a buscar a Sergio con la mirada, lo hallé y no me miró ni con alegría ni rabia sino con cierta piconería. Cuanto la directora leyó el argumento de mi cuento, a Sergio se le fue cambiando el rostro, comenzaba a verme con odio y yo asustado sólo le sonreía nerviosamente desde el estrado. De haber sabido no escribía nada y dejaba que Sergio ganase y sea por ese rato feliz. Yo sólo quería que él fuese el héroe de ficción que esperaba para el país.

Cuando terminó entrevistarme me dijo que me llamaría para decirme si clasifiqué para el puesto. No me atreví a preguntarle nada, sólo a contestar a sus preguntas sobre mi experiencia laboral. Yo solamente quería volver a abrazarlo como cuando salió del closet llorando. Tampoco me dio la mano, me hizo un gesto invitándome a retirarme de su oficina. Me ignoró una vez más.

Aún espero su llamada.

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29) FRASES HIRIENTES

Publicado por Luno On 13:38 0 comentarios

No creo que Yehude Simon y Mercedes Cabanillas sean los culpables de esto, déjenlos trabajar. (Manuel Burga).

Aldito Mariátegui estudio periodismo por Correo.

A George Bush le encanta la sangria.

Cecilia Valenzuela es una muy buena compañera. (Alan Garcia).

Mario Vargas Llosa ahora si parece una visitadora.

Cipriani siempre habla con Dios" (Palacio de gobierno)...





La vida de Carlos Álvarez es un chiste.

Tongo ahora ya está rico. (Jaime Bayly).

Abencia Meza cuando amaba lo hacia hasta la locura.

Fue algo terrible, las carreteras fueron destrozadas, los carros salieron volando, los helicopteros fueron bombardeados... (Aldo Miyashiro hablando de la película Transformer).

Kina Malpartida casi es noqueada por el aliento de Magaly.

Keiko es el verdadero virus porcino.

Susy Díaz cree que un monologo es un hombre que estudia primates.

La próxima parodia de Carlos Alvarez será a él mismo.

Mauricio Mulder al final resulto el verdadero perro.

Yehude Simon siempre vivió rodeado de rojo

De una cosa si estoy seguro, el capitalismo en el futuro hará que la gente deje de sufrir. (La muerte).

Manuel Burga ya no celebra el día de la madre.

Alejandro Guerrero por fin puso las barbas en remojo.

Genaro Delgado Parker envidiaba a valeriano lopez.

Fernando Olivera en España es hincha del Real Madrid porque le gusta el blanco.

Toledo siempre se mareaba por la popularidad.

Alan García después de su primer gobierno se dedico a la numismática.

Magaly Medina sin lugar a dudas es la mujer mas deseada.... por los auspiciadores.

Vladimiro Montesinos es un urraco frustrado.

Estamos en el centro del universo, es verdad no es adulacion, el Perú es uno de los centros del mundo. (Mario Poggi).


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28) EMILIANO Y EDUARDO

Publicado por Luno On 21:01 1 comentarios

Emiliano y Eduardo son amantes. Amantes furtivos, apasionados, díscolos y del todo incomprendidos.

No saben en realidad que son, si son pareja, amigos cariñosos, amantes del paso. Y creo yo que lo magnífico de ser amantes es no sabe si habrá una segunda vez.

Que lo que comenzó en un juego de coqueteo virtual vía MSN, luego se convirtió en invitaciones frustradas a besarse en los baños universitarios –el pabellón ‘A’ era el perfecto ya que allí por las tardes no habita ni un alma.





Y digo frustradas porque Eduardo en tres oportunidades dejó plantado a Emiliano. Le decía espérame que un toque subo y el muy cabrón lo dejaba en espera, seguramente Emiliano sentado en el inodoro sin recibir respuesta del celular de Eduardo.

Hasta que la cuarta fue la vencida, ambos esperaron que sus demás compañeros se retiren, subieron al tercer piso, chequeaban tímidamente si no había personal de logística.

Entraron uno detrás de otro, se miraron, hubo un clima de silencio, Emiliano dio el primer paso, lo cogió y trato de besarlo. Eduardo poco a poco habría los labios, pero no los movía, fue el beso más largo que ambos se daban, la calentura empezaba a hacer efecto, los dos se acariciaban sus partes íntimas, Eduardo fue el más atrevido y le bajó la bragueta, se la sacó, comenzó a corrérsela y por instantes pensaba chupársela. Emiliano trataba de frenar a Elías, le decía que no era correcto hacerlo porque estaban en la universidad y debían respetar el recinto. Eduardo no soportó tanta pacatería, cogió su maleta y se fue.

En el transcurso de la tarde, Emiliano le envía dos mensajes disculpándose por lo sucedido en el baño, justificaba su actitud diciendo que era la primera vez que lo hacía pero de igual modo la pasó súper y espera que se repita pronto. Eduardo eliminó los mensajes y pensó jódete: maldito marica.

¿Qué le pasó a Emiliano? Mucha calentura, mucho coqueteo para que a la hora de la acción se inhiba porque están dentro de esa universidad mediocre. Y si se dirigían a un telo de la Av. Arequipa ¿pasaría lo mismo? De repente es un calienta huevos más.

Las disculpas y coqueteos continuaron, los intercambios de links con videos pornos homosexuales también. Eduardo decidió perdonar a Emiliano y nuevamente se citaron en un baño, esta vez el escenario era el cuarto piso pabellón C. A pocos metros del salón de ambos. Era tarde así que no se preocupaban porque haya gente.

Esa tarde Emiliano y Eduardo consumarían su primera relación sexual. Emiliano temeroso de los dolores que implican ser penetrado por primera vez no soltaba así no más el culo. Eduardo usó caricias y buena labia para persuadirlo. Y lo logró.

Como todo primer encuentro sexual fue un desastre, Eduardo demoró casi media hora en venirse, sin usar lubricante o saliva se la metió en una a Emiliano y le arrancó unas gotas de sangre. Éste último no soporto el dolor que se desfogó con gritos. Para contenerse mordió su cuaderno de Sociología.

El ciclo pasaba y los encuentros sexuales continuaron, siempre Emiliano de pasivo y Eduardo viceversa. Eran el segundo, tercer, cuarto o quinto piso, en el pabellón A, B o C. Daba igual al momento de calentarse y tener un buen cache.

¿Qué descarados estos tipos, porque no se van a un hostal de veinte soles? o a la casa de algunos de ellos y viven su romance sin implicar a la universidad. Esta bien que esa universidad importe un carajo pero merece algo de respeto. O será que el hecho de hacerlo en un lugar público aumenta el libido y el desenfreno. Que arriesgados.

Terminó el ciclo. Dejaron de verse. A Eduardo no le importaba saber de Emiliano, lo tomó como una aventura, uno más de su prontuario bisexual. Ahora su atención está puesta esta puesta en dos personas de distinto sexo, con el chico es cuestión de días para que caiga. Con la otra era un trabajo arduo.

Es que Eduardo es muy coqueto, paladín de lo inmoral y siempre activo. Jamás dejaría que alguien se la meta. No es ni feo ni bonito, pero con su labia ha conseguido lo incansable para muchos. Tiene un radar extraordinario que le dice quien es de su club, nunca le falla. Donde pone el ojo pone la pinga. Es un tipazo. Mis respetos para ti buen amigo.

El verano del dos mil nueve esté por irse y Emiliano le ha pedido a Eduardo un reencuentro, como dicen algunos un remember. Eduardo accede. Le disgusta la idea de viajar más de una hora a la casa de Emiliano y le disgusta más el tener que ir a ese distrito horroroso que representa la miseria de Lima y que para colmo el nombre de santo y de un penal a la vez.

Eduardo llega y al principio conversan de cosas banales, de los pelagatos de la universidad. Ambos sienten vergüenza de empezar con el sexo. Se sientan distantes en la cama y apenas de miran. Siente temor combinado de timidez de volver hacerlo.

Emiliano dice te extraño mirándolo a los ojos. Eduardo de golpe lo besa y lo besa hasta sacarle el polo, luego el pantalón y los calzones. Se la chupa como el mismo furor de la primera vez. Eduardo se desnudó sólo, rozó su miembro con el de Emiliano. No esperaba lo que sucedería.

Entre intercambios de pajas, Emiliano realizó un ademán que se puso encima, rozaba su sexo por debajo de los genitales de Eduardo, a éste no le molestó para nada. Lo disfrutaba.

Emiliano lo cogió de las piernas acomodó su pinga al ano, se la metió de un vuelo. Eduardo dio un gemido que se escuchó a la otra cuadra. Le pedía con voz quebrada que por favor lo penetre despacio, con movimientos lentos. Que sea compasivo.

Eduardo resultó ser muy expresivo, sus quejidos podían confundirse con los de una mujer. Araño la espalda de Emiliano. Le mordió la oreja y simultáneamente se la corría.

Emiliano terminó rápido. Se ducharon juntos y al segundo polvo en la ducha duró el triple. Hacía mucho que a Eduardo no lo penetraban, pero la idea de volver a ser pasivo no le incomoda.

Yo siempre he dicho que para ser gay hay que ser valiente. Que tener pareja del mismo sexo debe ser muy sufrido, ya que en el primer encuentro sexual no se sabe quien será el anfitrión, quien recibirá a quien. Mis respetos también para los gays.

Ahora sus encuentros ya no son en los baños incómodos de esa universidad. Desde ese domingo es el cuarto de los padres de Emiliano. Al parecer los lugares menos decorosos para hacerlo los excitan más.

Llevan aproximadamente un mes viéndose a escondidas y hasta el momento no saben qué carajos son.


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Ex estudiante de la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Tecnológica del Perú (la de Don Genaro) y por ahora desempleado
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