En el día de la madre, en la hora del almuerzo no me senté en una mesa a comer sino me amarraron a un paredón de responsabilidades, me fusilaron con roles inimaginables y me remataron con cifras.
Cargaron sobre mis hombros pesos exorbitantes para mi pecho. Aún tengo veintidós años me parece, por qué no se esperan un tantito mas para poder matarme. Acaso no se dieron cuenta mis familiares que en mi rostro dibujaba cierto fastidio e incomodo ante sus preguntas y juicios premeditados. No son lo suficientemente perspicaces para denotar tales sensaciones.
Además de eso, debo reconocer que no tuve la suficiente hombría, la que siempre me ha faltado, y los cojones más grandes para no explotar como se me antoja hace un buen tiempo y decirle que me chupa un huevo lo que ellos quieren que yo sea o haga.
No soy un títere de nadie para mandonearme a su gusto y placer. Si ellos quieren yo estudie eso, pues que no jodan y vayan a clase por mí. Porque si es una justificación que la familia quiere lo mejor para uno, también debería tomarse en cuenta la satisfacción de la otra parte. Si uno está contento con lo que hace y en donde labora.
Estudio en una universidad que a la gran mayoría de los conozco le gustaría estar y sentar sus grasosos traseros. Pero no me siento feliz estudiando en lo que me matricularon ni mucho menos empezar como chibolo recién salido de la secundaria y encima tolerarlos y aguantar sus niñerías y chiboladas.
El gusto por sacar un título y estudiar una carrera se me fue el primer día que me retire de la universidad de mierda en que estaba y decidí ganas dinero y hacer lo que más me gusta: escribir como descocido, como un vicioso descomunal o un pérfido que lo único que hace es apachurrar su teclado.
Pero como era el día de las madres no puede ejercer mi vocación de aguafiestas profesional y aguanté lo cabrón que puedo llegar hacer y me cocí el hocico viperino que lo heredé de mi abuela paterna y respondí a todo con una sonrisa baylista.
No me imagino la cara de espanto que llegasen a poner cuando lean esta carta y se enteren que desde hace quince días no voy a estudiar y que desde muy tempranito me voy a la casa de un amigo, buenísima gente, que me presta su cama para seguir durmiendo hasta pasado el mediodía.
No soporto andar muriéndome de sueño en clase y que esos imberbes me miren riéndose de mis ansias por juntar los ojos y dormir mientras el profesor está explicando. Que soy un adicto al sueño y a las siestas después de almuerzo. Que para mí vivir feliz es dormir más ocho horas, lo reglamentario.
Tampoco creo que sea correcto lo que estudio porque seguir esa profesión implicaría viajar mucho y yo le encuentro mucha pesadez eso de salir de casa mucho tiempo y andar de un lugar a otro, soy adicto a mi cama y a mi laptop y separarme de ellas a la vez sería un suplicio para mí y un maltrato a mi bienestar.
Gano lo suficiente como para mantenerme pero no a parte de mi familia, no sé que es ahorrar para un título porque no lo hago ni para pagar mis cuentas. No sé qué significa subvencionar al otro ni tampoco cumplir reglas y normas.
Sólo quiero respirar un poco y qué se den cuenta que hago lo que me gusta y por ahora quiero dejar las aulas por un buen tiempo, así me prometan matricularme en el extranjero. El periodismo es mi pasión que nunca cambiaría por nada ni por muchos viajes y hoteles que me puedan ofrecer a administrar.
Mi otra pasión es la escritura, que si hay algo que me impida o me tome tiempo como para no poder escribir entonces lo dejo y listo. Descubrí esta incomprendida vocación hace tres años desde que publico en un puto blog. No paro hasta el día de hoy escribiendo a tal punto que me está saliendo una novela cabrona, triste de los cojones donde me desahogo más que en esta carta y maldigo el día en que se fue de este mundo mi amigo Hugo Garavito, sino otra sería mi historia carajo.
Cabrón también es un espíritu o alma o lo que chucha sea que no me deja dormir y me levanta cogiéndome de la solapa y diciéndome: Deja de aprovecharte y abusar de mí. Un amigo evangélico me dijo que ese no es el espíritu del profe sino de un demonio que me está atormentando. Maldito demonio cabrón, si yo soy de los tuyos porque me jodes la vida.
Ese libro probablemente me aleje de mi familia y me quede solo.
Es por eso y muchas cosas más, que necesito pensar lo suficientemente bastante para decidir qué voy a ser de este cuerpo que me dieron a administrar y tomaré decretos acertados. Y para pensar o meditar lo suficientemente bien, he decido ausentarme unos días de mi casa, para razonar a solas o acompañado. Nunca está demás escuchar a otros.
Jamás me he ido de mi casa ni lo había pensado pero estando en este clima de hostilidades y ahogos, donde siento que no respiro sino me atrofio, donde no me alimento sino me maltrato, donde no vivo sino subsisto, necesito salir de casa. Me da un poco de verguenza ajena recién escaparme a los veintiun años, ¿un poco tarde no?
Me llevo lo necesario para sobrevivir, mi laptop, mi ropa más común y mis artículos de aseo, Detesto oler mal.
Por favor madre no me busques en el trabajo porque al verte quizá haga mal las cosas y me despidan. Yo te llamaré para saber de ti y que tu sepas de mí. No soy tan desconsiderado como te imaginas.
Saludos a mis hijas y trata que mi menor hermana no se vaya a poner mal. La quiero mucho y volveré quizá distinto y renovado. Espero no llegar peor de lo que salí. Mil disculpas a los familiares que desilusionaré y consideraron que yo sería distinto al resto.
Pero no, tengo estilo propio para hacer las cosas, de repente no he madurado lo suficiente para darme cuenta de mis nuevas oportunidades. Déjame respirar un rato en mi soledad y meditar mis obligaciones.
Te amo mucho mami, y sorry sino te lo dije en el día de las madres.
Es del todo lícito que un escritor o aficionado a escribir use su experiencia para inventar ficciones y al hacerlo se inspire en personas de la vida real y no es lícito en cambio que esas personas -de las que el escritor ha saqueado pedazos o fragmentos con la sigilosa minuciosidad de un espía- reclamen nada, pues los personajes ficticios adquieren vida propia y no son ellas.
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luisnole@memoriasturbias.com
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