Salvador está por acabar el colegio, un par de meses más y termina la secundaria. Se va de viaje de promoción a Buenos Aires. Para su felicidad no irá todos los de su salón, sino unos cuantos. Él no se lleva bien con todos, su temperamento provocador y polémico lo han alejado de la mayoría y sus amigos son contados con los dedos.
- Ojala que en este viaje, me saque el clavo de los cinco años que llevo en el Claretiano y me cache a alguna de mis compañeritas que no están tan buenas como la Playboy de Ilsa Loza, ella si tiene un culazo y su coñito debe ser rosadito, pero al menos con las de mi aula remojaré el payasito además que de una buena vez debuto y dejo de ser un pajero demencial –pensaba Salvador empacando sus cosas.Durante el viaje todos hicieron chacota pero Salvador se entretenía leyendo la nueva novela de Juan Balby pero por ratos se unía a la jocosidad del grupo y dejaba el libro a un lado. Su compañero de al lado era un chileno, el que la mayoría agarraba de lorna y de punto. Este chileno sólo observaba el jolgorio de los demás pero no se metía por miedo a ser apanado.
De noche en el avión, la aeromoza reparte los antifaces para que duerman. Todos los escolares a una sola voz pedían que apagaran la luz para poder dormir pero la chica de culo paradito no accedía y sólo los contento apagando los focos de los laterales mas no del corredor central.
- ¿Tú por qué no duermes? –preguntó Salvador.A Salvador le han dado ganas de correrse la paja. Una rutina diaria es masturbarse antes de acostarse, así piensa que dormirá mejor. Se le ha parado la pinga y cree que es más excitante y emocionante hacerlo en pleno vuelo, la presencia del chileno le incomoda un poco, lo mira por ratos a ver si se duerme pero no, sigue mirando las musarañas.
- Porque no tengo ganas, me da miedo dormir en los aviones, de repente no despierte nunca más –se excuso el chileno.
- No seas gil, este avión no se va a caer, además dentro de unas horas llegamos a la Argentina, ni piña que seamos que faltando poco se caiga esta cosa –respondió Salvador.
- No estés tan seguro, duerme tú no más, yo cualquier cosa te aviso poh –dijo el chileno.
- Ok, cuida mis sueños entonces –terminó Salvador- chileno culo roto, por eso te agarran de lorna por ser tan desconfiado –pensó.
- Puta madre, este huevas no se duerme, mi pichula la tengo al palo, no podré dormir sino me la corro. Esta calientita, creo que cada día me esta creciendo. Ojala se la entierre a alguita flaquita en el hotel, ya no aguanto estar pito a los dieciocho años –pensaba Salvador.Para su mala suerte, su mejor amigo, Joaquín, no había ido al viaje por problemas económicos.
- Si estuviera aquí Joaquín me la corro sin paltas, con él no hay problemas porque nos pajeamos juntos en su cuarto mientras miramos porno, sin cubrirnos ni nada, ese man la tiene más grande que yo por ser moreno y alto pero yo sé que la muevo mejor que él –pensaba mientras se agitaba lentamente la pinga.No aguantó más y se corría la paja aumentando la velocidad y de reojo miraba al chileno si se daba cuenta.
- Que rico carajo, cada vez disfruto más un pajazo porque sé que serán los últimos. Al pincho con este roto de mi costado igual me la corro, que me vea por sapo en tal caso –pensó él.Enrique, el chileno, escuchó un par de quejidos de Salvador, luego notó el bulto de la mano agitando frenéticamente el sexo. Atinó a cerrar los ojos y dirigirse al cielo:
- Querido padre, perdona lo que mi compañerito Salvador está haciendo, es un pecado mortal pero creo que es consecuencia de la altura que el diablo se ha apoderado de su cuerpo y lo conduce hacer esas cosas malas. Perdónalo te lo ruego y has que se venga a los caminos del bien, junto a nosotros tus siervos y aleja esos malos espíritus de mí Señor Jesús –dijo Enrique.Al acabar de masturbarse, Salvador no sabía donde colocar y limpiarse la mano de semen. No quería limpiarse en su frazada por temor a que el profesor Ramón la encontrara manchada. Al ver que el chileno al fin se durmió, salpicó el líquido fértil en la colcha de su amigo y la poca que le quedó se la pasó en la boca. Lo extraño de todo es que el chileno no estaba dormido y luego se relamió los labios.
Estando en el hotel, coincidentemente a Salador y Enrique le tocaron el mismo cuarto, y curiosamente el chileno se había vuelto más amigo y apegado a Salvador después de probar su leche. Lo seguía a todos lados, en el hotel, en el restaurante, mientras recorrían los museos e iglesias y es en este último lugar donde el chileno probador de semen tenía unos conflictos internos y cerraba los ojos sin alejarse mucho de Salvador y se remordía por lo que estaba empezando a sentir, ese miedo y repulsión que no era capaz de declarar ni enfrentar.
- Este roto está extraño conmigo, de la noche a la mañana se ha vuelto mi pataza, me pregunta cosas de mí y me trata con una amabilidad inexplicable. ¿Será que mi semen le habrá gustado? Este huevón no parece cabro, pero en esas cosas uno nunca sabe –pensaba Salvador.Ya en el cuarto de hotel, Salvador sentía cierta confianza hacía Enrique y se alistó para darse una ducha. El chileno disimulaba verle el sexo pero era inevitable, lo miraba por ratos y se le venía a la mente cosas que en la iglesia le prohibieron y le dijeron que si lo hacía se iría derechito a la condenación eterna. Entre sus piernas comenzó a crecerle el bultito malo, ese que si lo frota el Señor lo castigará con pelos en la mano.
- Que tanto me ves cabrón –le dijo Salvador mientras hacía abdominales antes de ir a la ducha.Enrique no contesto lo dicho por Salvador, volteó la mirada y se negó a agregar algo dando a notar lo avergonzado que estaba.
- No nada, solo noto que te preocupas mucho en tu físico –le respondió Enrique.
- Si mucho, no hay nada que me haga sentir mejor que hacer ejercicios además de una paja nocturna –dijo riéndose Salvador.
- ¿Tú no te frotas la pinga? –preguntó Salvador.De pronto Salvador detiene sus ejercicios y se para delante de Enrique y le dice:
- No yo no hago esas cosas, mi mamá me tiene prohibido, además no me gusta –dijo Enrique.
- Cómo sabes si no te gustan si nunca lo has hecho, además que eso no tiene nada de malo, es auto complacerse no más – se defendió Salvador.
- No sé. Nunca lo he intentado –decía eso mientras se le paraba más la pinga al chileno.
- Mira yo te voy a enseñar: Coges tu pinguita, que por ser chileno la debes tener chiquita, y le comienzas hacer cariño, la frotas con dulzura hasta que se va poniendo dura. Luego poco a poco aceleras la velocidad de tu mano hasta que se te pone caliente. La misma pinga te pedirá cuanta velocidad necesitas, no hay que apurarse. Vez como lo hago, ya la tengo durita y con la cabeza rosadita, subiendo y bajando el pellejito. Intenta y verás lo rico que se siente.Enrique metió su mano debajo del pantalón, comenzó a sobársela y por vergüenza cerraba los ojos.
- Hay diosito perdón por lo que estoy haciendo, pero no aguantaba más. No me envíes al infierno por favor que después te rezo diez padres nuestros seguidos –pensaba Enrique mientras se masturbaba.En el campamento, en Baradero, la promoción del quinto ‘’A’ del colegio sanmiguelino Claretiano se prepara para zambullirse en el río del mismo nombre del lugar. Las chicas deciden no ponerse ropa de baño ni bikini por temor a que se les meta algún bicho a la chuchita o enfermedad a la piel, así que se bañarán con pantalón de deportes y el polo con el nombre de la promoción: Juan Pablo II, a conmemoración a que ese mismo año se murió el papa peregrino. Los hombres son más descarados y se bañarán con el short de equipo de fútbol del colegio.
- Este chileno si que es huevón de campeonato, no se la corría porque dice que es pecado, que mierda. Entonces Joaquín y yo seríamos unos demonios porque nos la corrermos desde hace años, casi cuando empezamos la secundaria. Lo que Joaquín no sabe es que a veces me pajeo pensando un su hermana melliza que esta riquísima, lástima que sea la hermana de mi mejor amigo sino le daría vuelta hace tiempo –pensaba Salvador mientras se jabonaba.
- Ya me cagué, estas sanas no se pondrán bikini, yo que quería verles las piernas y comparar quien tenía la papita más abultada –se lamentaba Salvador.Si fuese por Salvador, él se quedaba a vivir en Buenos Aires.
- Aquí si se vive bien, se come excelente, siempre y cuando mi madre no venga aquí a cocinarme, y no es como Lima que hay combis asesinas ni gente con aspecto delincuencial que puede ser que te asalte en la calle. Además hay buenas hembras y todas son gringas y blanquitas como me gustan. Cumpliendo los dieciocho años me vengo a migrar a la Argentina porque en mi país no hay mucho porvenir.La última noche en el hotel bonaerense, Enrique reza su padre nuestro rutinario antes de dormir y Salvador espera que el chileno se duerma para correrse la paja. Estando los dos en camas separadas Salvador le hace una pregunta que se le viene a la mente:
- ¿A ti te gustan las mujeres?Enrique demora en contestar, nunca se lo habían preguntado así de golpe. Mira al vacío y contesta:
- Sí, supongo.Salvador se baja de su cama, se para delante del chileno como cuando le enseño a jalarse la tripa y le dijo:
- Es que no te vayas a ofender, pero tú me pareces medio raro. No lo digo porque no te guste la paja sino porque los pocos amigos que tienes son hombres, nunca se te ha conocido una chica en la escuela y además el otro día te embarré los labios de mi semen y no me dijiste nada –dijo Salvador.
- No me di cuenta de eso –dijo Enrique.
- No te hagas el huevón que al día siguiente amaneciste feliz y muy pegajoso a mí. ¿Estás seguro de tu sexualidad? –preguntó Salvador.
- Me hice una paja cuando me enseñaste a cómo hacerlo, así que eso significa que soy hombre, no –se defendía el chileno.
- No cabrón, eso significa que llevabas mucho tiempo reprimido y tenías ganas de expulsar toda la leche que guardabas dentro –explicaba Salvador- Vamos hacer una prueba.
- Si eres bien hombre con lo que voy hacer no se te parará.Enrique observaba atónito como Salvador se masturbaba delante de él y le excitaba por dentro la manera efusiva como lo hacía. A luego de un rato, Salvador se detiene y levanta la colcha de Enrique y observa que tiene su pene al palo y le dice:
- Te estás excitando cabrón. ¿No quieres darme una chupadita? –propuso Salvador.Salvador coge a Enrique del cráneo y lo empuja hacía él, produciendo que se meta toda la pinga en la boca. Luego de eso, dirige al chileno a la velocidad que su excitación lo requería y siente que ya va a venirse por lo que detiene a Enrique y le baja el pantalón y calzoncillos y lo pone en posición perrito y se la mete de golpe y arranca unas gotitas de sangre haciendo que el chileno gima de dolor. Salvador se demoró en venirse.
- No sé, me provoca pero no debo –dijo Enrique.
- Vamos que no pasará nada, sólo lámeme la cabecita. Sí, así. Poco a poco. Que rico por Dios –decía Salvador mientras el chileno se la chupaba.
Desde ese momento y hasta la fiesta de promoción Salvador y el chileno no cruzaron palabras. Acabado el colegio no se volvieron a ver nunca más.












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