Si crees que mi destino es hacerte sentir mal. No te equivocas. Y no sólo hacerte sentir mal a ti sino a las personas que creen o creyeron que yo era una buena persona. Pues te equivocaste. Las apariencias engañan.
Te dije que no confiaras en mí, sin embargo hiciste oídos sordos y me contaste tus secretos. Intimidades bochornosas pero no tanto como las mías. Sabías que mi vehemencia por contarlo todo y ser apresuradamente un escritor impúdico, sin moral y sin pudor te convertiría en un personaje más de mis historias turbias.
No soy una buena persona sin embargo te aprecio y quiero mucho. Ahora comprendes que mi manera de querer es absolutamente rara. Muy distinta a lo convencional. No soy el típico amigo que te da un consejo y asume el problema como suyo. No, hacer eso me aburre. Solo finjo que te escucho. Me río por compromiso y hago bromas tontas que te hacen reír escandalosamente y yo por dentro me pudro de estar sentado frente a ti. Te quiero pero a mi manera.
También te advertí que soy extremadamente distinto al chico que esperabas como pareja. No me gusta ir al cine. Me levanto después de las doce del mediodía, si no duermo más de ocho horas tengo un humor insoportable del cual tú muchas veces has sido víctima. Me gusta comer bien y tú cocinas pésimo. Más de una vez he vomitado lo que me preparabas con gustoso cariño.
Soy una mala persona y no me arrepiento ni avergüenzo de ello. No tengo porque pedir disculpas por lo que soy y hago. Y creo que la gente tiene que vivir así, sin tapujos o caretas. Este mundo fuera mejor si viviéramos desnudos y así todos poder observar la miseria del otro. Mi único destino es, además de hacerte sentir mal, es escribir. Esas historias a las que a ti no te importa ni te tomas la molestia de leer. No te culpo. Desde un principio me aclaraste que no te gustaba ni interesaba lo que hago. No te culpo, eres una analfabeta funcional.
No eres la primera ni serás la última mujer a la que haga sentir mal. Y sospecho que ese será el final de todas las mujeres que hagan el sacrificio y cargar la cruz de quererme. Cómo pudiste querer a alguien que está dispuesto a demandar a su padre por dinero. Cómo pudiste amar a alguien que no se quiere así mismo y se descuida completamente. No viste que mis uñas están crecidas y no me importar llevarlas así. Eres tan miope que no te percatas que tengo el cabello largo y con cerquillo nuevo para no dejar ver mis entradas. No te parecía raro no hablar absolutamente nada sobre mi familia.
Es por eso que he decido, muy a mi pesar, dejar de hablarte, llamarte y tratarte. Es por tu bien y por el mío. Me da lástima verte casi llorar por la manera en que te trato delante de los demás. Me da lástima cuando te hablo de la chica que me vuelve loco y ver como en silencio la odias sin conocerla. Me da lástima recordarte que tú lamentablemente no tienes sus caderas y posaderas y que jamás producirás una crispación en mi cuerpo. Debe ser por eso que cuando intenté poseerte ni se me paró.
Fue un gusto haberte conocido, no sé si tú dirás lo mismo después de que leas esto. Aunque no lees mi blog y te lo contarán. Para ese entonces ya dejaré de verte. Adiós y te deseo lo mejor. Ojala no me odies porque de esa manera, te seguiré haciendo sentir mal.
Es del todo lícito que un escritor o aficionado a escribir use su experiencia para inventar ficciones y al hacerlo se inspire en personas de la vida real y no es lícito en cambio que esas personas -de las que el escritor ha saqueado pedazos o fragmentos con la sigilosa minuciosidad de un espía- reclamen nada, pues los personajes ficticios adquieren vida propia y no son ellas.
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luisnole@memoriasturbias.com
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Memorias Turbias ®
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