Me llega un mail del programa de televisión en el que trabajo pidiéndome que realice un cuestionario sobre el tema de la corrupción en el Perú. Las preguntas se las harán al presidente.
Simultáneamente al leer el correo electrónico pienso en mi amigo Joel Barraza, que para mi dicha esta conectado en el MSN. Lo saludo y le digo qué le preguntaría al presidente si lo tuviera al frente, le indico el tema y le pido que no me conteste ahora que sus preguntas me lo envíen otro día a mi mail.
Él acepta encantado sin sospechar que serán para el programa. Es que Barraza es bueno para esas cosas. Periodismo analítico e incisivo. Por mí fuera, yo le pediría a Alan clases de bailar teteo, le preguntaría si la llegada de la gripe porcina tiene algo que ver con lo porcino que es, si juega a las escondidas con su hijo menor, o alguna cuestión banal pero lo suficientemente pícaro para que me den mi programa propio.
Al día siguiente me llama la productora y me pide que por favor vaya a su oficina para conversar sobre el programa. Acepto con cordialidad pero ocultando el fastidio de ir hasta Miraflores, no por la distancia porque vivo a media hora de allí sino porque me encontraba solo en casa leyendo El Canalla Sentimental y sospecho que si voy a esa reunión con mi productora me retrasaré un poco, ya que a mí me gusta leer algún libro en máximo dos días.
La reunión se trataba sobre el soporte digital, enlazar en vivo el programa con la página Web del canal y además que el público pueda descargar las ediciones anteriores con un solo click. Les explico que no sé cómo hacerlo, pero que si es posible hacer eso. Me preguntan cómo soy capaz de poner otros canales en mi Blog y me rehúse hacerlo con el programa que tengo como trabajo. Les digo que sólo me limito a copiar los códigos HTML que saqueo de otras páginas pero que no tengo ni la más puta idea de cómo se transmite televisión en vivo por Internet.
Al parecer no me creen y no me importa. Salgo ofuscado del edificio y arrepentido de haber asistido a esa mera reunión. Que mejor me hubiese quedado en casa leyendo mi libro nuevo y no venir a Miraflores a perder el tiempo. A la próxima desconecto mis teléfonos y no atiendo provincias.
Llamo a casa para saber si ya llegaron mi madre y hermana de compras, me contesta mi mamá con voz de preocupada por haber encontrado la casa sola. Le digo que llegaré en media hora. No quiero ir a casa. Quiero estar solo y leer en silencio. Camino por el parque Kennedy y tomo la decisión que allí es un buen lugar. Busco y demoro en concentrar banca vacía. Me siento al lado de un puesto de dulces bien limeños y al frente de un chico con apariencia de esperar a alguien.
Estamos sentados frente a frente y a la misma dirección. Me mira y lo miro y él me voltea la mirada. O es choro o puto, sospecho. Sigo leyendo pero el chico que tengo hacía mí me distrae. Me distrae el pensar a quién esperará. También me distraen los turistas que se paran a comprar dulces limeños. Son chicas y chicos muy guapos. Cosa que en Lima es difícil ver esa gama de rostros por la calle. No puedo seguir leyendo y me paro, guardo El Canalla Sentimental en mi mochila y camino hacia Shell esquina Los Pinos.
Tomar café me es dañino porque me produce mareos insoportables, me preparo café bien cargado y pasado de hace algunos días a escondidas de mi madre que me reprende duramente cuando lo bebo. Frente al Ripley hay un coffe break llamado La Casita, no me llama la atención lo que vende ni ofrece pero sí sus cómodos asientos. Creo que para poder leer allí tendré que consumir algo. Felizmente traje la billetera conmigo.
Me siento a leer, me pongo cómodo y pienso que si me echan por no comprar nada que sea después de un buen rato. Al minuto se me acerca el mozo, un persona de baja estatura pero bien educado, me trata de señor y me consulta si deseo algo. Pienso que deseo leer pero no se lo digo. Le pido la carta y sin buscar mucho le pido un café y empanadas argentinas calientes y rellenas de pollo. No sé si venderán empanadas pero el mozo no me refuta. Después de diez minutos interrumpe mi lectura y me sirve como ni en casa.
El café está buenísimo, es expreso y con crema. Nunca les pedí crema pero la idea no está mala. Demoro tomar el café porque está caliente y es por eso que prefiero tomar bebidas tibias. Al costado de mi mesa se sienta una anciana con el rostro pintarrajeado de una manera exagerada. Me distrae y la detesto por eso. La detesto más porque anda mal vestida y no para de toser. Con lo de la porcina nunca se sabe.
- ¿El libro que estás leyendo es del escandaloso de Bayly?- me pregunta sin haberse presentado y con una confianza que nunca le dí.
- Sí- le respondo cortante y continúo leyendo.
- Y por qué lees esas cosas, en qué te educa y cultiva- vuelve a preguntarme e interrumpirme.
- Porque me gusta, entretengo y alimento el morbo que todos tenemos o quizás usted tuvo en su juventud- segundos después me arrepiento de haberle contestado de esa manera brusca e insolente.
Sorprendentemente, la anciana no se molesta y me responde:
- Aún tengo morbo, no te preocupes, pero no creo que debes leer esas cosas. Te recomiendo a Camille Paglia. Te educará mucho.
- Le agradezco por el dato- le digo sin mirarla y sigo leyendo con normalidad.
A diferencia de mí, la anciana se dirige a la caja y hace su pedido. Paga por adelantado. Pide café igual que yo pero sospecho que aún más caliente por la cantidad de humo que sale. Toma haciendo ruidos y pienso que es una vulgar. Se despide diciéndome «buen provecho». No le contesto y continúo con mi lectura.
Avergonzado por llevar una hora sentado y haber terminado mi café y empanada argentina hace media creo que es mejor retirarme. Soy fresco pero no por más de una hora. Voy a la caja y le doy mi tarjeta y mi identificación al tipo de baja estatura que ahora está de cajero, le digo que lo ponga en una sola cuota. Me dice que la anciana que se fue hace unos momentos ya pagó mi cuenta.
Quiero seguir leyendo porque esa noche tengo que acabar el libro para continuar con Y de repente un ángel. En casa no podré hacerlo porque hay gente y eso significa ruido. Camino hacia Pardo, descubro que en medio de la avenida hay mucha luz y bancas alrededor. Busco la banca indicada, con mucha luz por los faros y limpia de mierda de paloma. Voy caminando tres cuadras indeciso en donde sentarme. Estoy casi por llegar a la Av. Comandante Espinar y encuentro una banca decente. Al frente hay un par de muchachos conversando. Sospecho que son una pareja de gays porque se cogen de la mano por ratos. Que valientes pienso por declarar su amor abiertamente sobretodo en Lima que es tan pacata e hipócrita. Por eso la odio tanto.
No puedo concentrarme en mi lectura. Los colectivos hacen mucho ruido y los cobradores gritan que dan miedo. La pareja de gays ya no están conversando, uno de ellos alza la voz y el otro parece estar llorando. Por ratos los observo y detengo la mirada en ellos, el que llora me ve pero no disimula el llanto. De pronto hay un congestionamiento vehicular y al ruido de los colectivos y cobradores se les une maliciosamente las sirenas de los carros. Escucho a alguien decir desde su auto «que… ya hay fletes otra vez aquí». Abochornado me paro de mi asiento y cruzo la pista.
Envío un mensaje de texto a alguien y le digo que estoy en camino a su casa. La llamaré antes de llegar para confirmar si sus padres ya se fueron y poder entrar tranquilo. Le hago recordar que compre el aceite de bebe para los masajes previos.
Subo al taxi sin discutir el precio. Me parece razonable la suma que me pide. El taxista me busca conversación y fue un error contestarle. Quiere hablar de fútbol pero yo quiero leer. Quiere hablar de política pero yo quiero concentrarme. Quiere seguir hablando y yo quiero que se calle. Ahora comprendo porque la gente en Lima no lee.
Es del todo lícito que un escritor o aficionado a escribir use su experiencia para inventar ficciones y al hacerlo se inspire en personas de la vida real y no es lícito en cambio que esas personas -de las que el escritor ha saqueado pedazos o fragmentos con la sigilosa minuciosidad de un espía- reclamen nada, pues los personajes ficticios adquieren vida propia y no son ellas.
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luisnole@memoriasturbias.com
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Memorias Turbias ®
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